Las particularidades de la traducción veterinaria: ¿en qué se diferencia de la traducción médica?

Las particularidades de la traducción veterinaria: ¿en qué se diferencia de la traducción médica?

Resulta sorprendente que en la actualidad la mayoría de profesionales dedicados al sector de la traducción veterinaria llegamos a él por pura casualidad; algunos son veterinarios que se adentran en el mundo de la traducción y otros somos traductores que descubrimos esta especialidad prácticamente desconocida de manera imprevista. Por otra parte, existe la creencia de que un traductor médico puede traducir un texto perteneciente al ámbito de la veterinaria extrapolando sus conocimientos y recursos de traducción médica. Aunque es cierto que la medicina y la veterinaria comparten algunos aspectos en común, la realidad es que la traducción veterinaria presenta una serie de peculiaridades que la diferencian de la traducción médica.

Según el DRAE, la medicina es el «conjunto de conocimientos y técnicas aplicados a la predicción, prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades humanas y, en su caso, a la rehabilitación de las secuelas que puedan producir». El mismo diccionario define la veterinaria como la «disciplina que se ocupa principalmente de prevenir y curar las enfermedades de los animales, así como de controlar los alimentos de origen animal».

Si tenemos en cuenta las definiciones que nos proporciona el DRAE de estos dos sectores de las ciencias de la salud, nos encontramos con la primera diferencia entre la medicina y la veterinaria. La medicina se centra en una única especie: el ser humano; sin embargo, la veterinaria se concentra en diversas especies animales que, generalmente, se dividen en tres categorías: pequeños animales (perros y gatos), animales de producción (vacas, cerdos y aves de corral) y animales exóticos (serpientes y pequeños mamíferos, como hurones y conejos).

Los términos anatómicos coinciden muchas veces en medicina y veterinaria, pero no siempre es así, por lo que es necesario prestar una atención especial a la hora de traducir. Por ejemplo, el ser humano tiene rodilla y tobillo, pero, si hablamos de un caballo, empleamos los términos babilla y corvejón. Además, la anatomía de los animales también varía entre las especies, que presentan sus propias particularidades, como es el caso de los cuatro compartimentos que forman el estómago de los rumiantes (rumen, omaso, abomaso y retículo) y los sacos anales de los perros.

Asimismo, la veterinaria cuenta con una terminología clínica propia con la que jamás nos encontraríamos en un texto médico. Tres ejemplos de ello son el collar isabelino, que se utiliza para que los animales no se autolesionen; el bozal marcador, que se emplea para detectar el celo en el rebaño de cara a una posterior inseminación artificial; y los ganchos de castración para las ovariohisterectomías de gatas y perras.

En medicina y veterinaria también existen diferencias con respecto a los términos direccionales, que son palabras que se utilizan para explicar con exactitud dónde está situada una estructura del cuerpo en relación con otra. La mayoría de los animales domésticos son cuadrúpedos, por lo que la disposición de sus órganos, huesos y vísceras es diferente a la de los humanos. Por ejemplo, en veterinaria se emplean los términos craneal (hacia la cabeza) y caudal (hacia la cola) en lugar de los términos superior e inferior, que se utilizan para describir la posición de las estructuras del organismo humano, pero que solo se emplean en veterinaria cuando se habla de los ojos o los dientes del animal.

De igual modo, a pesar de que hay enfermedades que son comunes en animales y en humanos, se denominan de maneras diferentes en medicina y veterinaria. Por ejemplo, en medicina humana se habla de cáncer, mientras que en medicina veterinaria se emplean los términos neoplasia o tumor. Algo similar ocurre con los términos fisiológicos, por ejemplo, una gata no estará embarazada, sino preñada, y no dará a luz, sino que parirá. 

Hasta ahora se han mencionado algunas diferencias entre traducción veterinaria y traducción médica relacionadas con cuestiones terminológicas, pero también existen diferencias relacionadas con la tipología textual y el receptor del texto.

En líneas generales, hemos visto que, a diferencia del traductor médico, que traduce textos centrados exclusivamente en la especie humana, el traductor veterinario tiene que hacer frente a diversos textos enfocados en múltiples especies animales. De este modo, un día puede traducir un folleto sobre la diabetes en perros dirigido a los propietarios de estas mascotas, otro día puede enfrentarse a la traducción de un texto sobre la inseminación artificial del ganado vacuno dirigido a ganaderos, y otro día puede abordar la traducción de un artículo especializado sobre medicina cardiotorácica felina para profesionales veterinarios.

Cada uno de los textos mencionados como ejemplos en el párrafo anterior está dirigido a un tipo de receptor diferente. En traducción médica, los receptores de los textos suelen ser profesionales sanitarios o pacientes. En cambio, en traducción veterinaria, los textos están dirigidos a profesionales veterinarios, ganaderos y propietarios de mascotas. En este sentido, se podría ver a los profesionales veterinarios y a los propietarios de las mascotas como los equivalentes de los profesionales sanitarios y los pacientes, pero la figura del ganadero es exclusiva de los textos veterinarios.

La existencia de diversos tipos de receptor implica el uso de una terminología diferente dependiendo de a quién va dirigido el texto. El ganadero no es un profesional veterinario, pero, a diferencia del propietario del animal de compañía, tampoco es ajeno a los términos especializados. Se debe tener en cuenta que el ganadero está en contacto directo con los animales y que su mayor preocupación es mantenerlos en un estado de salud óptimo porque su objetivo es obtener los mayores beneficios económicos de su explotación ganadera. Sus principales necesidades son: la gestión de la reproducción del ganado, la gestión sanitaria de la explotación ganadera y la gestión de la alimentación de los animales.

Por lo tanto, el ganadero es un profesional del sector de la producción animal y su imagen actual se aleja bastante de la imagen del pastor tradicional. Hoy en día los ganaderos son personas con mucha formación que están informadas de las novedades de su profesión. Se han convertido en receptores semiespecializados, por lo que en los textos dirigidos a ellos se emplea léxico científico y especializado. El traductor veterinario debe prestar especial atención a quién es el receptor del texto y adecuar la terminología y el registro teniendo en cuenta que si el lector es un ganadero y se reduce el grado de especialización del léxico podría resultarle incluso ofensivo.

Como hemos visto, existen muchas diferencias entre la traducción veterinaria y la traducción médica. Los textos relacionados con la producción animal suponen todo un reto para el traductor, especialmente para aquel que viene de la rama de la traducción médica; por lo tanto, a la eterna pregunta de si un traductor médico puede traducir textos veterinarios, como traductora especializada en ambos sectores, mi respuesta es que sí, pero para poder hacerlo necesita una formación específica. En pocas palabras, un traductor médico sin formación en el sector de la veterinaria no podría abordar con éxito la traducción de textos veterinarios tan solo extrapolando sus conocimientos y recursos de traducción médica.

Bibliografía

Romero, A. (2013, primer semestre). La traducción veterinaria: una especialidad por descubrir en las ciencias de la salud. Panacea, volumen (14), pp. 56-65.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.6 en línea]. <https://dle.rae.es> [consulta: 15-4-2023].

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